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GastroUC
Departamento de Gastroenterología
Facultad de Medicina
Pontificia Universidad Católica de Chile
Información para pacientes

Diarrea aguda

La diarrea es la eliminación de deposiciones de consistencia disminuida debido a un aumento en el contenido de agua y que se acompaña usualmente de un aumento del volumen y frecuencia de las deposiciones habla de diarrea aguda cuando el cuadro se instala en forma brusca, es autolimitado y dura habitualmente menos de 7 días. Cuando la duración del cuadro se prolonga más allá de dos semanas se habla de diarrea prolongada.

Es un motivo de consulta habitual a los servicios de urgencia y de claro predominio estacional. La principal complicación de las diarreas agudas es la deshidratación, siendo esto especialmente de cuidado en los niños pequeños y ancianos. Puede estar acompañado de otras manifestaciones clínicas como nauseas, vómitos, dolor abdominal y fiebre.

Las causas más frecuentes de la diarrea aguda son de origen infeccioso.

CAUSAS DE DIARREA AGUDA

Infecciosas

Bacterias
Salmonella spp, Campylobacter jejuni, Shigella spp, Yersinia enterocolítica, Vibrio cholerae y parahaemolyticus, Aeromonas hydrophila, Escherichia coli spp, Staphylococcus aureus, Clostridium difficile y botulinum, Bacilus cereus.
Virus
Rotavirus, Norwalk, Adenovirus, citomegalovirus y otros enterovirus.
Parásitos
Giardia Lamblia, Entamoeba histolytica, Criptosporidium, Isospora Belli
Hongos
Candida, Histoplasma, Aspergillus

Fármacos y Tóxicos

Laxantes, digital, colchicina, sales de oro, antibióticos, tiroxina, agentes colinérgicos, prostaglandinas, alcohol, intoxicación por metales pesados, intoxicación por hongos silvestres, pesticidas organofosforados y herbicidas.

Otras causas

Sobrecarga alimentaria, diarrea aguda funcional, brote inicial de una diarrea crónica, colitis isquémica, oclusión intestinal parcial.

Enfoque clínico del paciente con diarrea aguda

Los antecedentes del paciente y su examen tienen mucha importancia en el diagnóstico de la causa de la diarrea y para su tratamiento adecuado. Es importante establecer: duración de la diarrea, frecuencia de deposiciones, presencia de vómitos, fiebre o dolor abdominal. Características de las deposiciones como sangre, mucus o pus. Ingesta de fármacos (antibióticos, laxantes, etc.), exposición a tóxicos y estado emocional. Además, es de gran interés recoger información sobre otras personas afectadas en un contexto familiar o social.

Desde el punto de vista clínico es de utilidad la siguiente clasificación en la orientación de un diagnóstico causal y un adecuado tratamiento. Estas se pueden dividir en diarrea líquida no inflamatoria y diarrea inflamatoria (disentérica).

  • Diarrea aguda líquida no inflamatoria: La mayoría de las diarreas corresponden a este tipo. Se caracterizan por heces líquidas, usualmente de gran volumen, sin sangre ni pus en las deposiciones, escaso dolor abdominal, sin pujo ni tenesmo y ausencia de fiebre o fiebre de baja magnitud. Son autolimitadas y en general no requieren terapia específica. Dentro de este tipo de diarrea se puede distinguir:
    1. Diarrea aguda simple: Corresponde a la diarrea más frecuente. Esta no se acompaña de fiebre. Usualmente se debe a toxinas bacterianas, sobrecarga alimentaria, fármacos o algunos virus.
    2. Diarrea aguda febril: Esta se acompaña de fiebre, habitualmente de baja magnitud y de corta duración, no hay síntomas disentéricos y se debe en general a E. Coli enteropatógena, Salmonella, Campylobacter, rotavirus, etc.
  • Diarrea aguda inflamatoria o disentérica: Se caracteriza por la presencia de deposiciones con sangre, mucus y pus. Habitualmente son de alta frecuencia y de escaso volumen y se acompañan de pujo y tenesmo rectal. Además tienen fiebre y dolor abdominal importante. Las causas más frecuentes son: Shigella, Salmonella, Campylobacter, E. Coli enteroinvasora, Yersinia, Clostridium difficile (asociado a uso de antibióticos) y amebiasis.
Exámenes para el paciente con diarrea aguda

La mayoría de las diarreas son leves y autolimitadas por lo que no requieren estudios complementarios con el fin de llegar a un diagnóstico etiológico preciso. Los antecedentes clínico-epidemiológicos ya descritos pueden ayudar a establecer con una alta seguridad un diagnóstico presuntivo de la etiología de la diarrea.

En situaciones de epidemia, compromiso importante del estado general como fiebre alta y/o prolongada, sangre en las deposiciones, sospecha de inmunodeficiencia o diarrea en vías de prolongación se aconseja investigar la causa precisa de la diarrea. Los exámenes diagnósticos incluyen leucocitos fecales, coprocultivo, parasitológico y estudio endoscópico bajo.

El examen microscópico de las deposiciones permite detectar la presencia de leucocitos fecales. La existencia de abundantes leucocitos indica la presencia de un proceso inflamatorio agudo en algún lugar del tubo digestivo. Cuanto más numerosos sean los leucocitos más bajo es el proceso inflamatorio y la presencia de placas de leucocitos indica una colitis, la que puede ser debida a diferentes organismos que causan invasión de la mucosa intestinal.

El coprocultivo habitual puede informar la presencia de Shigella spp. o Salmonella spp. Si se desea estudiar Campylobacter spp. y Yersinia spp.se deben solicitar cultivos especiales. Para V. Cholerae se necesita un examen de las deposiciones bajo microscopía de campo oscuro asociado a antisueros específicos y cultivos específicos. En el caso del Clostridium difficile el examen de elección es la detección de su toxina en deposiciones.

Los parásitos como responsables de un cuadro de diarrea son infrecuentes pero en algunas condiciones clínicas (inmunodeficiencias) el estudio de éstos es requerido en busca de Giardia Lamblia, ameba, isospora, microsporidium o criptosporidium.

El estudio endoscópico bajo tiene alto rendimiento diagnóstico en los cuadros disentéricos, en su mayoría secundario a colitis bacteriana, incluida la colitis pseudomembranosa asociada a Clostridium difficile, amebiasis, o en el inicio de una enfermedad inflamatoria intestinal como la Enfermedad de Crohn o Colitis ulcerosa.

Tratamiento

En la gran mayoría de los casos tiene buen pronóstico a través de medidas terapéuticas simples, pero en edades extremas de la vida, en inmunocomprometidos y en diarreas de gran intensidad este cuadro puede ser grave. El principal objetivo es la obtención de una hidratación adecuada.

El tratamiento a seguir es:

1. Reposo en cama.

2. Hidratación: Reposición de agua y sales. Se puede establecer en el examen del paciente el grado de deshidratación, lo que permite estimar el volumen que se deberá aportar y la vía de administración más indicada, siendo muy importante en los casos de deshidratación grave.
En los casos con deshidratación leve a moderada, por estar el paciente alerta y en normal estado de conciencia el manejo se realiza ambulatoriamente y se utiliza la vía oral siendo la sed es el principal indicador que guía el aporte de volumen. La excepción son aquellos pacientes con vómitos incontrolables, deshidratación grave con riesgo de shock, inconciencia o insuficiencia renal, los que deben ser hospitalizados. Para la reposición de volumen y electrolitos vía oral, se recomienda una fórmula que aproveche el mecanismo fisiológico de transporte conjunto de glucosa y sodio, lo que estimula por consiguiente la absorción de agua. Este mecanismo se encuentra intacto en casi todos los cuadros de diarrea aguda.

La organización mundial de la Salud (OMS) recomienda la siguiente fórmula disponible en forma comercial (Sales de rehidratación oral).
En forma casera se puede obtener una fórmula similar disolviendo: 2 cucharadas soperas de azúcar + 1/2 cucharadita de sal + 1 cucharadita de bicarbonato de sodio en un vaso de jugo de naranja, agregando agua hasta completar un litro.

La administración debe ser en volúmenes pequeños y frecuentes (cada 5 a 10 minutos) para evitar acentuar los vómitos y mejorar su absorción. Rara vez la persistencia de vómitos evita la administración de la solución oral hidratante. Ante la disminución de la diarrea, la mejoría de la hidratación y la disminución de la sed la frecuencia y volumen de aportes se puede ir disminuyendo. Pueden usarse otras soluciones orales como agua pura, agua de hierbas, jugos, bebidas sin gas pero sólo reponen las pérdidas de liquido, sin reponer los electrolitos. En los casos más graves la hidratación por vía endovenosa con sueros.

3. Alimentación: No existen razones para suspender la alimentación esperando que termine la diarrea. Se deben realizar algunas modificaciones suprimiendo o disminuyendo los alimentos ricos en residuos (verduras y frutas), productos lácteos e irritantes como salsas, condimentos y café.

4. Fármacos:

  • Antibióticos: No tienen indicación en la gran mayoría de los cuadros diarreicos agudos, los que habitualmente corresponden a diarrea líquida no inflamatoria. En los cuadros de diarrea aguda inflamatoria o disentérica es donde está indicado bajo control médico. También se recomienda administrar antibióticos en aquellos pacientes con un síndrome diarreico agudo no inflamatorio de tipo coleriforme y diarrea febril en que la fiebre se prolonga por más de 48 horas.
  • Anticolinérgicos: Está indicado sólo como alivio del dolor abdominal cólico intenso. Existen variados preparados comerciales en comprimidos o solución, para vía oral o intravenosa, que contienen anticolinérgicos de diferente tipo como propinoxato, escopolamina, propifenazona, homatropina, etc. Las dosis y frecuencia de administración varían de acuerdo al fármaco, al paciente y a la intensidad o frecuencia de los síntomas.
  • Antidiarreicos: No están indicados en la mayoría de los cuadros de diarrea aguda, pero en pacientes con diarrea muy frecuente pudiesen tener un importante papel de alivio sintomático. No está recomendado en pacientes con síndrome disentérico, fiebre alta o distensión abdominal importante, pero la evidencia que existe en no recomendar su uso en estos cuadros no es concluyente. Las dosis habituales de loperamida son 2 mg posterior a cada deposición diarreica hasta un máximo de 16 mg al día, vía oral.
  • Antieméticos: Puede recomendarse en aquellos pacientes con vómitos profusos tanto para el alivio sintomático, como para permitir el uso de la vía enteral. Se puede usar antagonistas dopaminérgicos como la metoclopramida (10 mg cada 8/h y la domperidona (10 mg cada 8/h). En raras ocasiones puede exacerbar la diarrea y el dolor abdominal. Otros antieméticos más potentes rara vez son requeridos como el Torecan o el Izofran.

 


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